Vol. 16 Núm. 1 (20): Revista de Filosofía Iberoamericana
Más allá del esencialismo: Hacia una horizontalidad de la filosofía
latinoamericana
La filosofía latinoamericana cuestiona cada vez más sus rutas metodológicas y su agenda habitual. Se transita de claves fundadas en la argumentación o en la búsqueda existencial del proceso reflexivo, hacia una concepción heterogénea y amplia sobre lo que es, lo que se hace y, fundamentalmente, hacia dónde va el ejercicio de pensar desde y sobre América Latina.
Se deja de lado el eje principal que la caracterizó en el siglo XX —el cual estalló con la famosa pregunta de Salazar Bondy, respondida por Leopoldo Zea— para permitir escenarios de tensión y enriquecimiento: desde la filosofía y la teología de la liberación, hasta los debates decoloniales que critican sus propios límites. Se cuestiona la lectura esencialista que convirtió la identidad en una trampa; tanto en su proyección sobre los proyectos nación como en la configuración de una identidad homogénea, compartida y filial, la cual derivó en versiones de orígenes históricamente imaginados con marcadas agendas políticas. Es decir, posiciones como el pachamamismo o la asunción de líneas epistemológicas originarias no rastreadas con rigor, sino ficcionadas y provocadas por ocultas pretensiones políticas.
Se inventó parte de una búsqueda que debería ser honesta, rigurosa y minuciosa, para convertir la discusión filosófica en una operación política que favoreció lecturas segregadoras y racistas, operada
por agentes interesados en someter la filosofía a un ritmo partidario.
El estatus de la discusión avanza hacia una apertura donde se cuestionan los métodos para detectar, jerarquizar y estudiar lo latinoamericano. Se convierte en un ejercicio que debe responder a los protocolos básicos de toda investigación: validación de fuentes y evidencia de las afirmaciones, evitando que sea producto de una mente febril, mesiánica o de profecías incumplidas que discurren por laberintos donde se asume un destino teleológico sin escapatoria. Es saludable revisar los parámetros de esta estructura de sedimentación teórica, que evitó lecturas dinámicas de una comunidad filosófica diversa,
heterogénea y antagónica. Debe incorporarse que existen tendencias de interpretación en claves emotivas, apelando a nacionalismos e hitos históricos milenarios, ante las cuales los filósofos no tendríamos por qué allanarnos. Esto impidió que el debate se enriqueciera, convirtiendo a lo diferente en un oponente ideológico, a menudo descrito como operador de un supuesto eurocentrismo que, en realidad, es una fabricación.
Las posibilidades actuales son inéditas; el desafío radica en aceptar las divergencias y la forma en que circulan nuevos horizontes sin condiciones privilegiadas. La horizontalidad debe ser un punto de partida básico para evitar lecturas victimizantes o la defensa de un tronco absoluto que causó una visión dual de nuestros asuntos. Estamos frente a una resignificación combinada con una decadencia y precariedad material —incluso planificada— de los agentes en los circuitos humanísticos y filosóficos; lugares institucionalizados como universidades y centros de investigación con financiamiento público han sido reducidos, desfinanciados y empujados a los márgenes mediante mecanismos que legitiman la cantidad de documentos sobre los contenidos. Estamos frente a un desafío nuevo. Así, este número de Solar responde a este renovado escenario, asumiendo nuestra responsabilidad de seguir participando intensamente en la construcción de una red que discute, intercambia y debate.
Rubén Quiroz Ávila
Director
Puerto del Callao, 2026